¿Por qué incorporar la perspectiva antiespecista en el trabajo con perras?

Porque hasta ahora ha estado totalmente ausente del trabajo con perras. Y esa fue mi motivación para dedicarme a esto, introducir una perspectiva que considero fundamental, y que eché muchísimo de menos mientras estudiaba.

Entras en la web de cualquier perrera o refugio, o webs de adiestradoras o educadoras caninas y todas empiezan un poco igual: declarando su amor incondicional por las perras. Y no dudo de su amor, pero ya sabemos que hay amores que matan…¿Se puede querer a alguien a quien no te molestas en entender, a quien no prestas atención, a quien no dejas elegir ningún aspecto de su vida, a quién no le reconoces su agencia, a quien simplemente esperas que responda a todo lo que le pides con obediencia? Yo creo que no. Me suena demasiado a la terrible y famosa frase de “la maté porque la quería”…¿verdad? Y está claro, la opresión por especie comparte mucho con las demás opresiones (género, clase, raza, capacidad, etc.), porque comparten opresor.

Quizá te estés preguntando, ¿qué es el antiespecismo? Es una postura política que entiende que todos los seres vivos, sin importar la especie a la que pertenezcan, son sujetos de derecho, y señala las prácticas en las humanas tratamos como inferiores a otras especies por el simple hecho de pertenecer a dicha especie.

Para mí, el enfoque antiespecista implica tratar al perro desde la igualdad y con el espíritu de cooperación que permitió (auto)domesticar a las perras. Implica también, antes que nada, entender su lenguaje y hacernos entender nosotras también. Es decir, implica comunicación. En cambio, el adiestramiento y la educación canina se basan en la premisa de que somos las humanas las que tenemos que modificar la conducta natural de las perras para que puedan adaptarse al 100% a nuestras necesidades, y sólo un sector de la educación canina ha pasado a ver que esto así no funciona, no podemos dejarles toda la responsabilidad a las perras. Porque no es bueno para ellas y por un sentido de justicia, por así decirlo, nosotras al introducir una perra en casa debemos saber que también nos tocará arrimar el hombro. Y para mí esa es la base de cualquier relación, la reciprocidad, la comunicación y la cooperación, independientemente de la especie de la otra parte de la relación.

En mi opinión, hasta ahora se ha ido perpetuando la idea de que hay un comportamiento canino ideal (ideal para las humanas obviamente). Y no, no es así, se puede tener una perra equilibrada aunque no sepa lo que es un sentado. Y este equilibrio será el que permita que la perra presente conductas “aceptables” para la sociedad humana. Se trata de conseguir que las perras puedan satisfacer sus necesidades y convivir en armonía con nosotras. No hay una sola manera de tener a una perra bien “educada”. Este concepto además es muy ambiguo en mi opinión. Tenemos una idea muy clara de cómo es una perra buena, pero esta idea está fundamentada en falsos mitos sobre la conducta canina y en unas expectativas humanas exageradas e imposibles de cumplir manteniendo el bienestar perruno. Por ejemplo, solemos pensar que un perro que se sienta para pedir comida o esperando el semáforo es un perro educado. Y no, es un perro que ha aprendido que si se sienta nos tiene contentos, pero incluso puede ser perjudicial para su salud física y psicológica (son más vulnerables en la posición de sentado).

No tiene ningún sentido hacer que una perra haga algo (dígase un sienta, un tumbado, junto, etc) porque la has chantajeado con comida para que lo haga, pero no entiende por qué lo está haciendo. El enfoque antiespecista clama a gritos devolver la agencia a las perras, que escuchemos la voz que sí tienen, pero a menudo ignoramos, y que las hagamos partícipes en su/nuestra educación.

Vivimos en una sociedad humana, una sociedad especista en general, y que espera que sean las perras las que hagan todo el esfuerzo para adaptarse a nuestro entorno. Para empezar, como humana quizá un poco perra que soy, me cuesta también adaptarme a según qué de las sociedades humanas, especialmente el ritmo, el ruido, las aglomeraciones. Todas estas cosas son mucho más complicadas de gestionar para una perra, debido a la agudez de sus sentidos en comparación con los nuestros (olfato y oído básicamente). Así que pedirles que se adapten a según qué para empezar ya puede ser demasiado para algunos individuos.

Tampoco puede faltar en un enfoque antiespecista una crítica feroz a la cría de perras de pura raza. A la cría en general. En el contexto del estado español, en que miles y miles de animales malviven en perreras, refugios etc. ¿cómo se puede justificar la cría? El problema va mucho más allá del lucro económico de los criadores, que más que por su supuesto amor a la especie, les supone un negocio redondo. La selección humana, artificial, de perras de raza (que es un fenómeno relativamente reciente, se empezó a hacer como se hace hoy en el siglo XIX) ha causado un gran daño en las perras, tanto a los individuos como a la especie. De hecho, en algunos países se está prohibiendo la cría de según qué razas por los problemas de salud que tienen todos sus individuos.

Mientras castramos por ley a las perras de protectora (tanto machos como hembras), criamos artificialmente perras simplemente porque nos parecen más bonitas, como si se tratara de un objeto, a veces están de moda una razas, a veces otras. ¿No sería más fácil y menos invasivo e injusto no promover la cría en unos casos y castrar en otros casos? Por no hablar de los lugares donde se permite matar (en su jerga eufemística “sacrificar”) perras sanas en perreras, protectoras y refugios. Por desgracia, en muchos sitios del estado español sigue siendo legal el sacrificio (y por desgracia mía he pagado por oír que hay que sacrificar perras “inadoptables”, concepto para mí completamente falso e inventado).

Obviamente por espesar mi opinión sobre la cría me han llamado radical. Pero también se suele confundir qué significa ser radical. Significa, literalmente, ir a la raíz de un problema. Y sí, en este sentido soy una radical. Me opongo a la cría, en cualquier caso, al menos en el contexto actual (si el día llegara en que o se crían perros artificialmente o no hay perros ya hablaremos, pero es que dudo que ese día llegue nunca). Me opongo a la cría también para los perros de servicio, asistencia o de terapia, porque estoy en contra de que se use a perras para sustituir trabajos de cuidados para humanas. Esto sería un debate aparte, porque ya sabemos cuán despreciados están los cuidados (y todo trabajo típicamente femenino). Me opongo por dos motivos: porque el adiestramiento que se lleva a cabo con estas perras es durísimo y porque la cantidad de horas que estas perras tienen que estar “de servicio” es mucho más de lo que pueden soportar. Pongamos el énfasis en que las personas que necesitan asistencia deberían poder acceder a humanas con un contrato laboral y un sueldo dignos para ayudarlas. Y para que no sea algo sólo para ricos como siempre, en mi opinión debería estar subvencionado total o al menos parcialmente por el sistema público.

Obviamente, no podemos dejar de analizar la caza y el desastre que provoca, no sólo en las perras de los cazadores, que son maltratadas y/o asesinadas una vez dejan de “servir”. ¿Matar por diversión a animales de especies varias (conejos, zorros, etc.) gracias al uso de perras adiestradas y en la mayoría de casos maltradas? No, no compro.

Y tampoco es posible permitir el uso de otros animales para el (supuesto) divertimento de las perras. No podemos permitir que nuestras perras persigan y/o maten a los demás animales, desde gatos, a vacas y a pájaros e insectos. Y mucho menos permitir que razas de pastoreo pastoreen ovejas (como anécdota también pagué para que un educador canino en “positivo” y muy “amable” me contaba cómo había comprado ovejas para que su ejército de border collies con pedigree se divirtiera).

Así que, en resumen, creo que la ética y por tanto el enfoque antiespecista en el trabajo con perras es fundamental para velar por sus intereses y conseguir el encaje con los intereses humanos. Los espacios de encierro (como son las perreras y similares) no desaparecerán nunca hasta que no acabemos con la cría artificial, y las profesionales del sector no podemos permitirnos el lujo de mirar a otro lado por nuestros propios intereses. Tenemos que acabar con el concepto de qué es una perra bien educada y ayudar a todas aquellas que queréis convivir con una perra a que os entendáis mutuamente y podáis cooperar para una convivencia plena.

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