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Por todos es sabido que el olfato es el sentido más desarrollado del perro alcanzando los 300 millones de receptores olfativos, frente a los 5 millones que tiene el ser humano. No solo es una potente herramienta de comunicación para ellos sino que también les permite realizar múltiples funciones que para una persona serían impensables, como seguir un rastro, realizar trabajos de salvamento o detectar ciertas enfermedades.

Olfatear es un instinto básico que además ejercita enormemente el cerebro, provocándoles placer y tranquilidad al mismo tiempo. Esto es una ventaja para los dueños a la hora de mantener sanos a nuestros perros, ya que es igual de importante el ejercicio físico que el intelectual y a menudo descuidamos el segundo pensando que con que el perro corra y se canse es suficiente. ¿Nunca habéis tenido la sensación de que al perro le falta algo? ¿Que habéis vuelto del paseo y el perro sigue queriendo jugar y os persigue buscando vuestra atención? ¿Que hay momentos en que se pone pesadísimo y no sabéis qué hacer ya para que se tranquilice?

Los trabajos de olfato son una alternativa perfecta (y yo diría que imprescindible) para poner en funcionamiento el cerebro del animal y hacer que sus días sean más completos y felices. Cualquier momento es bueno para llevarlos a cabo aunque funcionan especialmente bien en situaciones en las que el perro está alterado o en las que necesitamos que se relaje, como un rato antes de dejarle solo, los minutos previos a que lleguen invitados o en días lluviosos en los que el paseo ha sido más corto de lo normal.

Para que los trabajos sean efectivos y nutran al perro debemos estar siempre presentes e ir incrementando la dificultad de manera que no resulte frustrante para ellos ni se conviertan en una situación imposible de resolver que les haga aumentar el nivel de estrés.

Una buena forma de iniciarlos sería la siguiente:

·         Buscaremos un espacio amplio o una habitación despejada, con espacio para moverse donde el perro pueda ver bien nuestros movimientos. Esparciremos, delante de él, unas cuantas chuches o cachitos de salchicha por el suelo. Con la orden “busca” le indicaremos que ya puede cogerlas, y dejaremos que se las coma a su ritmo y en el orden que quiera. En esta primera parte el perro seguramente se ayudará de la vista y no del olfato, pero la idea es que entienda el funcionamiento del juego. Repetiremos esto un par de días y pasaremos al siguiente paso.

·         Con el perro sentado, esparciremos las chuches por el suelo en esa y otras habitaciones, de forma que ya no pueda ver dónde las ponemos. Es conveniente que el perro tengo aprendida la orden “quieto” para que aguante sentado mientras repartimos las chucherías (si no tiene la señal construída podemos hacer que alguien lo sujete). De nuevo indicamos la señal “busca” para iniciar el juego y que se las coma a su aire.

·         El siguiente paso es repetir lo mismo apagando la luz al mismo tiempo que se le pide que busque. El objetivo es ir complicando las búsquedas poco a poco, ya que hasta ahora estamos todavía llamando la atención del perro hacia este tipo de juegos.

·         Una vez que esto se hace sin problemas y hemos desatado su curiosidad, podemos meter las chuches dentro de dos o tres cartoncillos de papel del wáter. Los repartiremos por la casa complicando cada vez un poco más los lugares y aumentando la dificultad. Podemos combinarlo a la vez con juegos de inteligencia promoviendo que desarrolle sus propias estrategias (detrás de una silla, dentro de una caja de zapatos, debajo de una alfombra, dentro de una camiseta vieja anudada, en una caja con mucho papel de periódico…) y dejaremos que los busque ayudándole un poco si vemos que le cuesta demasiado al principio.

 

·         A partir de aquí se trata de echarle mucha imaginación y variar los ejercicios tanto como se nos ocurra haciendo circuitos, introduciendo unos objetos dentro de otros, etc. Cuanto más apetitoso sea lo que hay dentro más se esforzará el perro en oler, pensar y conseguir su objetivo, y más tranquilo se quedará cuando lo consiga.

Bien guiados y siempre con una buena actitud hacia nuestro perro conseguiremos que los trabajos de olfato se conviertan en una de sus actividades favoritas del día, y también en una ayuda tremenda para nosotros siempre que necesitemos bajar su nivel de actividad ante cualquier situación. Como siempre, probadlo y me contáis resultados!

Vida perra!

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