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Quizá las preguntas que nos debemos hacer antes de nada sean: ¿Por qué un perro tira de la correa? ¿Qué queremos conseguir llevando al perro atado?

La correa es una imposición humana. No es una necesidad del perro sino nuestra, por lo que a priori un perro no va a entender por qué tiene que ir unido a ti por una cuerda ni los peligros de los que intentas protegerle. No podemos pretender que un perro prefiera ir atado a estar suelto, pero sí podemos hacerle esa imposición un poco más agradable.

Una de las necesidades más importantes que tiene cualquier ser vivo es la capacidad de relacionarse con su entorno. En el caso de los perros esto se consigue gracias a los sentidos, y más especialmente al olfato. Un perro tiene que oler calles, hierva, esquinas, pises y excrementos, y por asqueroso que nos parezca debemos hacer el esfuerzo de entender que así es como ellos se comunican y como saben qué novedades hay en su espacio, quién ha pasado por ahí o incluso si otro perro está sano o enfermo. Mucha de la información que nosotros obtenemos con una llamada telefónica o las redes sociales, ellos la consiguen gracias a olfatear lo que está a su alcance, y es cruel (e innecesario) privarles de ello. Por esta razón, es un fallo enorme pensar que con una correa corta, de las que llevan al perro pegado a tus pies, vas a conseguir que el perro esté tranquilo o que el paseo sea una experiencia agradable para él. Estas correas impiden que el animal baje la nariz al suelo, una de las mayores fuentes de tranquilidad canina, por lo que sólo se consigue tener al perro ansioso y alterado.

Esto nos puede llevar a pensar que una correa extensible (más conocida como flexi) podría ser una buena opción ya que le permite alejarse para oler lo que quiera dándole “más libertad”. No es así. Jamás verás a un buen adiestrador utilizar una de estas correas ni tampoco recomendarlas. Imagina dar un paseo con alguien sujetando una goma tensa cada uno por un extremo. Puedes andar a su lado pero la goma siempre está tensa, quieres mirar escaparates y disfrutar del paseo pero tienes esa maldita tensión siempre presente tirando de ti. ¿Agobiante no? Todo tipo de tensión (positiva o negativa) en un perro hace que aumente la reactividad a los estímulos. El animal no puede ir lo relajado que debería y es imposible sentir más libertad cuando llevas algo tirando de ti constantemente. Eso por no hablar de lo incómodo que resulta cuando tu perro se pone a jugar con otro obligándote a soltar cuerda para que no se corten ellos o los dueños, o cuando el perro está lejos y quieres que se acerque, en cuyo caso solo puedes conseguirlo pegando tirones al estilo pescador (pegándole tirones a él) hasta acortar cuerda.

Ahora imagina el mismo paseo pero en lugar de con una goma en tensión, con una cuerda. Podrías ir más o menos cerca pero nada tiraría de ti. Podríais caminar uno al lado del otro charlando o alejaros para observar lo que quisierais sin recibir tirones bruscos. Sería lo equivalente a dar un paseo de la mano con un ser querido, que solo con quedarse quieto te transmite que quiere parar sin necesidad de decirte nada. Esto es lo que se consigue al pasear al perro con una correa larga, siendo la medida ideal de 2 a 3 metros. En un momento dado puedes necesitar llevarle más cerca y lo puedes lograr con solo recoger cuerda sin pegarle ningún tirón. Si mantienes siempre una buena comunicación mediante la correa llegará un momento en que el perro se apoye en estos gestos para notar que te has parado o que has cambiado de dirección, sin necesidad de que vayas hablándole constantemente. No debe usarse una cadena o materiales pesados, ya que el peso excesivo hará que resulte incómodo para ambos. Las de nylon son una buena opción, aunque también se pueden encontrar en el mercado algunas correas engomadas que no queman la mano en caso de tirones fuertes y son más cómodas en muchos sentidos. En resumen, podrás disfrutar del paseo sin ir totalmente pendiente de él y en su caso podrá olisquear lo que quiera sin sentir que van tirando de él a cada segundo.

Esto no quiere decir que una correa larga sea mágica ni que solo con utilizarla el perro vaya a aprender a andar tranquilo desde el primer día. Hará falta un trabajo constante detrás que detallaré en otra ocasión ya que puede resultar algo extenso. Sin embargo, debemos elegir bien el tipo de correa para que el aprendizaje sea más rápido y salir a la calle no se convierta en un calvario ni un dolor de brazos cada día. Como siempre, solo hace falta ponerse un poco en su lugar para comprender qué le viene mejor a nuestro perro y hacerle la vida un poquito más confortable.

Vida perra! 

 

 

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¿Qué tipo de correa debo elegir?

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